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John Yaryan’s Immunotherapy Story

Cáncer de próstata | 2011

Mucha gente es renuente a estos ensayos clínicos, pero si se los ofrecen, invito a todos a que los aprovechen.

La historia de John

El cáncer no pudo vencer el espíritu guerrero de Jonathan Yaryan. Este veterando de la guerra de Vietnam de 77 años, que durante 30 años fue piloto de la Fuerza Aérea, se retiró en 2004 y ahora vive en Missouri City, Texas, con su esposa Jeri. «He tenido que pasar por muchas situaciones difíciles en mi carrera como piloto, y muchas veces he visto la parca», dijo Yaryan.

Sin embargo, su retiro no salió como lo tenía planificado. En 2011 se encontró luchando por su vida una vez más cuando le diagnosticaron cáncer de próstata en estadio IV. Bajo la atención médica de las doctoras Ana Aparicio y Padmanee Sharma del Centro Oncológico MD Anderson Cancer de la Universidad de Texas, Yaryan se inscribió en un ensayo clínico de fase II para probar la inmunoterapia ipilimumab (Yervoy™) en combinación con el tratamiento hormonal leuprolide (Lupron®). El ipilimumab, un fármaco desarrollado por el director del Consejo Asesor Científico del CRI, James P. Allison, Ph. D., mejora la capacidad de las células inmunitarias para destruir las células cancerosas.

A dos años de haber comenzado el ensayo clínico, el cáncer ya no detiene a Yaryan. Dedica sus días a cuidar a su numerosa prole de nietos, a estar con su esposa y a dar largos paseos con su perro, Lucky. También es un firme defensor de los ensayos clínicos, en particular para los pacientes con cáncer en estadio avanzado: «Muchas personas son realmente reacias a participar en estos ensayos clínicos, pero si se los ofrecen, los aliento a que los aprovechen», expresó Yaryan. «Mi cáncer ahora se ha convertido en una enfermedad crónica y está bien controlada. Creo que Lupron y el ensayo de ipilimumab fueron fundamentales».

ACTUALIZACIÓN: John falleció a los 82 años, el 9 de julio de 2018. Este perfil se publicó inicialmente el 6 de mayo de 2013.

Preguntas y respuestas

¿Cómo y cuándo descubrió que tenía cánce

Fue como un golpe en el estómago. Parte de mi familia estaba en la sala cuando el Dr. Aparicio me dio el [plazo] que estábamos manejando. Miré a mi alrededor y pensé: «¡Dios mío! Debo conseguir pañuelos para todos». Todos habían empezado a llorar. Dije: «¡Caramba, debo estar peor de lo que pensaba!» [Se ríe]

¿Cómo supo de la inmunoterapia y por qué decidió probarla?

La inmunoterapia se llama «ipi» o Yervoy. Se usa para el melanoma y actualmente está en fase de ensayo para demostrar su eficacia también para el cáncer de próstata. Empezamos enseguida y aproximadamente en un año el Yervoy y las hormonas comenzaron a achicar los tumores. Luego me preguntaron si quería operarme y les dije que por supuesto. Elegí la cirugía robótica Da Vinci. Extrajeron todos mis ganglios linfáticos desde la aorta hasta la próstata. Me levanté y volví a la normalidad en dos semanas.

¿Cómo fue el tratamiento? ¿Tuvo efectos secundarios?

Lo que la gente debe entender de estos ensayos clínicos es que nos observan como si estuviéramos bajo un microscopio. Hay una enfermera del equipo de investigación que monitorea el caso de cerca e informa todo tan bien que es muy difícil asustarse. Ojalá pudiera decir algo negativo que haya sucedido, pero no se me ocurre nada. Me informaron sobre los efectos secundarios (falta de sueño, diarrea y cosas así) y, efectivamente [risas], aparecieron. La diarrea fue lo peor.

Hace poco, un muy buen amigo de la escuela secundaria murió de cáncer de pulmón, que hizo metástasis en su cerebro. Le ofrecieron quimioterapia y él se negó porque sabía que tenía una sentencia de muerte. Creo que uno debería probar todo lo que haya disponible hasta quedarse sin opciones, y él hizo todo lo contrario. Fui [a visitarlo] y estaba en un centro de cuidados paliativos. Había adelgazado más de 30 kilos y parecía un fantasma. Fue realmente desgarrador. Creo que un paciente así sería un muy buen candidato para los ensayos clínicos. Cuando se tiene una sentencia de muerte, ¿qué hay para perder? Hay que probar algo que pueda ser la respuesta.

Todavía sigo en el ensayo clínico. Las últimas tres pruebas de PSA, que usan como indicador de que esos pequeños [tumores] están volviendo a aparecer, arrojaron un resultado inferior a 1, lo que es una buena señal. Así que ahora el Dr. Aparicio me indicó hormonas según sea necesario. Voy al MD Anderson cada 90 días.

¿Hay algo que le haya sorprendido de su experiencia con el cáncer?

Cuando uno pasa por un susto como este, cada minuto vale oro. Hago más ejercicio y me alimento mejor. Tengo una labradora retriever que no me dejó salirme con la mía; quiere caminar todas las mañanas, entre 5 y 8 km todos los días, sin falta. Ella es mi orgullo y alegría, además de mi esposa, por supuesto.

¿Qué le gustaría contarle a otros pacientes acerca de la inmunoterapia o de la participación en ensayos clínicos?

Creo que se debería probar todo lo disponible hasta agotar las opciones. Cuando se tiene una sentencia de muerte, ¿qué se puede perder? Probar algo nuevo puede justamente ser la respuesta.

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