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Brenda’s Immunotherapy Story

Cáncer de mama | 1986

Es el mejor regalo que he recibido.

La historia de Brenda

Cuando en 1986, a los 51 años, a Brenda Berchtold le diagnosticaron por primera vez cáncer de mama triple negativo, sus opciones de tratamiento eran limitadas: la regla de oro era cirugía, radioterapia y quimioterapia. Las cosas han cambiado bastante desde entonces, y ahora Brenda recibe uno de los medicamentos más recientes disponibles para tratar su enfermedad.

Se llama atezolizumab (que también se conoce como MPDL3280A, producido por Roche/Genentech) y pertenece a una clase de inmunoterapia conocida como inhibidores de puntos de control. Estos medicamentos le «sueltan los frenos» al sistema inmunitario, lo que permite un ataque más fuerte contra el cáncer. El «atezo» se dirige a una molécula llamada PD-L1, que algunas células cancerosas producen para evitar ser destruidas por el sistema inmunitario. 

Brenda pudo acceder al medicamento al inscribirse en un ensayo clínico en 2013 por recomendación de su doctora, Leisha A. Emens, Ph. D., de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, quien también es la investigadora principal del estudio. Desde que se inscribió en el ensayo, sus tumores se han reducido significativamente.

Publicado por primera vez el 1 de octubre de 2015.

Preguntas y respuestas

¿Cómo y cuándo descubrió que tenía cáncer?

En ese momento vivía en Virginia Beach con mi esposo. Nos habíamos casado en 1983. En 1986 noté un pequeño bulto en la mama derecha y fui a hacerme una biopsia. Era cáncer de mama triple negativo. Tenía 22 años.

Era otra época, muy diferente. El médico le dijo a mi esposo, no a mí, que era un cáncer de gran malignidad y que buscara tratamientos. Así que volvimos a Erie, Pensilvania, para estar con la familia. Me hicieron una mastectomía radical y radioterapia. Estuve sin cáncer durante casi siete años, y luego nos enteramos de que había vuelto a la misma zona. Después de eso recibí quimioterapia.

¿Cómo supo de la inmunoterapia y por qué decidió probarla?

Durante unos cinco años, de 2007 a 2012, estuve con tratamientos de quimioterapia y ensayos clínicos en el West Penn Hospital en Pittsburgh, Pensilvania, pero no me estaban dando resultado. Entonces, mi oncólogo, el Dr. Antonios Christou, me recomendó que fuera a un centro más grande. Eso fue lo que me llevó al Hospital Johns Hopkins y a la Dra. Leisha Emens.

¿Cómo fue el tratamiento? ¿Tuvo efectos secundarios?

Empecé en 2013. El Dr. Emens me explicó que el tratamiento ayuda a los linfocitos T a combatir el cáncer. Realmente no tenía otras opciones disponibles, así que le dije que lo intentaría. No sabían cuáles serían los efectos secundarios. Tuve que firmar formularios de consentimiento (lo que fue bastante aterrador) donde se explicaban los efectos secundarios que podría tener. Tras la segunda dosis, los tumores se habían reducido en un 70 por ciento con respecto a la primera exploración. 

Dije: «Dios mío, ¿puede repetírmelo? Acabo de ganar la lotería [risas]». Es como el mejor regalo que he recibido. Tuve 16 ciclos de ese tratamiento y todo se mantuvo estable.

Estuve sin tratamiento durante casi un año, y luego el cáncer volvió. Había otro ganglio linfático del lado izquierdo con cáncer. Así que volví al ensayo y en febrero de 2015 empecé de nuevo con el medicamento.

Se permitía volver al ensayo aunque el cáncer hubiera progresado. Había pasado un cierto período de tiempo en el medio que me permitía volver al ensayo, así que empecé de nuevo. Los tumores y los ganglios se redujeron en casi un 63 por ciento, lo que demuestra que la inmunoterapia funciona.

¿En qué se diferencia la inmunoterapia de otros tratamientos que pueda haber recibido?

Con la quimioterapia, se cae el cabello, claro. No me sentía muy bien. Pasé por varios tratamientos de quimioterapia porque el cáncer siempre volvía. En realidad, nunca nadie nos dijo cuán invasor es el cáncer de mama triple negativo, que la quimioterapia no lo mantiene a raya por mucho tiempo y que es probable que vuelva a aparecer.

La inmunoterapia es como un 90 por ciento mejor que la quimioterapia: No se cae el cabello, sentía que tenía más energía cuando estaba pasando por eso, y no produce náuseas en absoluto. Sí algo de cansancio, pero no demasiado. El único efecto secundario que tuve del ensayo fue un problema de tiroides que controlaron con Synthroid, el medicamento que estoy tomando. Cuando voy al Johns Hopkins entro, me administran el tratamiento durante treinta minutos y estoy lista.

¿Hay algo que le haya sorprendido de su experiencia con el cáncer?

Es fantástico saber que formamos parte de la ciencia de esta forma. Darnos cuenta de que tal vez en el futuro esto sea lo que cure el cáncer, sin todos los efectos secundarios de la quimioterapia, y que hayamos sido parte de eso es simplemente increíble.

¿Qué le gustaría contarle a otros pacientes acerca de la inmunoterapia o de la participación en ensayos clínicos?

Sin dudas les diría que si esa es la única posibilidad que tienen de sobrevivir, que vayan por ello. Es decir, vea lo que me pasó. Hay personas que me llaman para hablar conmigo, que tienen cáncer de mama triple negativo. Y les digo que, si pueden, participen en un ensayo con este fármaco de inmunoterapia, porque a mí me dio muy buenos resultados.

También les diría que no se den por vencidas. Tengo una gran placa que conseguí en Baltimore; es un vitral que tiene la palabra «esperanza» y la «e» es una cinta rosada. Cuando la vi en la galería pensé que era tan apropiada, porque siempre he dicho que es muy importante tener esperanza.

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