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Denise Zackman’s Immunotherapy Story

Cáncer de ovario | 2007

Uno no cree que se pueda tener cáncer y estar bien. Pero mientras no se desarrolle ni esté en algún lugar que cause problemas, es posible.

La historia de Denise

El cáncer de ovario tiene la obstinada costumbre de reaparecer después del tratamiento, y el cáncer de Denise Zackman no fue diferente. Tras someterse a una histerectomía en 2007, le diagnosticaron cáncer de ovario en estadio IIIB. Recibió tratamiento en dos ocasiones distintas con intensa quimioterapia y cirugía; pero el cáncer regresó. Al momento de su tercera recidiva, a los 39 años, Denise estaba lista para otras opciones.

Se enteró a través de un grupo de apoyo en línea de las inmunoterapias que se estaban probando en el Abramson Cancer Center de la Universidad de Pensilvania. En 2011, se inscribió en un ensayo clínico de un nuevo tratamiento de inmunoterapia de dos etapas. La primera consiste en una vacuna elaborada a partir de las propias células dendríticas del paciente a las que se les ha enseñado previamente a reconocer las células tumorales. Luego, estas células dendríticas específicas del tumor se inyectan nuevamente en los ganglios linfáticos, donde ayudan a estimular el sistema inmunitario para que ataque las células cancerosas del cuerpo.

En la segunda etapa del tratamiento, se extraen de la sangre los linfocitos T, cultivados en un laboratorio (donde se multiplican), y luego se vuelven a infundir en el paciente. La idea es que ese ejército de linfocitos T será eficaz en la eliminación del cáncer porque fue «entrenado» por la vacuna de células dendríticas para reconocer las células cancerosas.

Hablamos con Denise en enero de 2014, cuando estaba terminando la segunda parte del estudio. Dijo que sus médicos estaban «locos de contentos» con su respuesta al tratamiento. Madre de dos y con 40 años, actualmente su enfermedad está estable y está dedicada a llevar una vida normal para sus hijos.

Preguntas y respuestas

¿Cómo y cuándo descubrió que tenía cáncer?

Recibí un tratamiento habitual de quimioterapia con carboplatino-Taxol. Me trataron en Virginia, pero busqué una segunda opinión en el Johns Hopkins. También me recomendaron que hiciera lo que se llama quimioterapia intraperitoneal, que bombea la quimioterapia hacia la zona abdominal a fin de eliminar las células que están allí. Recibí seis de esos tratamientos.
 
Más adelante me practicaron otra cirugía importante seguida de otro ciclo de quimio. Como apareció una mancha en la pared torácica, tuve otra cirugía para tratar eso, pero no quimioterapia. Todo eso fue entre 2007 y 2011.

¿Cómo supo de la inmunoterapia y por qué decidió probarla?

Me enteré por algunos foros de Internet. Team Inspire es un foro de discusión bastante grande. Son un montón de mujeres con cáncer de ovario que comparten sus historias, y algunas personas bastante informadas que comentan sobre nuevos tratamientos y métodos que están surgiendo. Allí me enteré y luego averigüé más en la Universidad de Pensilvania. En ese momento estaba en mi tercera recidiva, por lo que estaba buscando un nuevo tratamiento.

¿Cómo fue el tratamiento? ¿Tuvo efectos secundarios?

En la sala también hay un técnico de ultrasonido, un radiólogo, un médico y una enfermera, porque la inyección es directamente en los ganglios linfáticos de la zona de la ingle. El técnico de ultrasonido monitorea la ecografía y el radiólogo guía al médico. Entre los dos determinan un ganglio linfático de cada lado de la ingle donde sea adecuado inyectar. Es rápido y duele un poco, pero nada que sea insoportable en absoluto.

¿Hay algo que le haya sorprendido de su experiencia con el cáncer?

En general, creo que he logrado mantener una actitud bastante positiva. Claro que hay días malos porque, para ser realistas, al tener un diagnóstico de cáncer en un estadio tardío a veces hay que pensar en lo que podría ser el resultado inevitable. Pero trato de pasar los días sin pensar en eso.
 
Ha sido parte de nuestra vida durante siete años. Es raro, pero está ahí. Mis hijos crecieron con su madre siempre con cáncer. Voy al centro a recibir los tratamientos; pero llevamos una vida normal. Ellos hacen deporte, cenamos juntos todas las noches. Por suerte, no se nota que estoy enferma, lo que les permite sobrellevar más fácilmente la situación.
 
Además, cuento con el apoyo de mi familia, de mi esposo. Mi mamá me acompaña a Pensilvania, lo que es una gran ayuda para que mi esposo pueda quedarse en casa con los niños, ir a trabajar y mantener las cosas lo más normales posible en casa. También tengo amigos y otros familiares que echan una mano siempre que pueden. Y en cuanto al ensayo, cuando se llega a la cuarta recidiva el panorama es bastante sombrío, por lo que, si hay algo nuevo con estos resultados hasta ahora prometedores, renueva un poco la esperanza.

¿Qué le gustaría contarle a otros pacientes acerca de la inmunoterapia o de la participación en ensayos clínicos?

Aparte de esa semana en la que una no se siente bien, es un tratamiento muy benévolo. La parte más molesta para mí es el viaje, eso es lo que más me trastoca; pero no se sienten las nauseas típicas ni se cae el cabello. Quizás se sienta un poco de fatiga, pero nada debilitante. Y luego, claro, están los resultados positivos.

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