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K.C. Dill

Cáncer de pulmón

La historia de K.C.

A K. C. le diagnosticaron por primera vez cáncer de pulmón de células no pequeñas en estadio III en febrero de 2015. Después de recibir quimioterapia y radioterapia, su equipo médico no era optimista: el cáncer se había diseminado a los ganglios linfáticos y había evolucionado a estadio IV. K. C. buscó una segunda opinión en Houston y comenzó el tratamiento con nivolumab (Opdivo®), un inhibidor de puntos de control de PD-1. Respondió a la inmunoterapia de inmediato. Terminó el tratamiento en septiembre de 2016 y hoy ya no está enferma. Continúa trabajando a tiempo completo y vive nuevas aventuras con su esposo y sus dos hijas.

K.C. Dill, Immunotherapy Patient: Ringing the bell signifies the end of your treatment. For me that signaled my path to a new life.

Preguntas y respuestas

¿Cómo y cuándo descubrió que tenía cáncer?

Tenía la cara hinchada y me sentía cansada, lo que atribuí a las alergias. Me llevaron a la sala de urgencias por falta de aire, y la TAC que me realizaron reveló una gran masa tumoral en el centro del pecho. En base a la ubicación del tumor, el oncólogo que estaba de guardia esa noche me dio de 30 a 90 días de vida. Le dije que no me conocía ni a mí ni a mi Dios y que estaba equivocado. Tres días después empecé un tratamiento de urgencia con radioterapia.

¿Cómo supo de la inmunoterapia y por qué decidió probarla?

La primera vez que escuché la palabra inmunoterapia fue en el consultorio de la Dra. Jun Zhang, en la Facultad de Medicina de Baylor. Me explicó que algunos tumores producen una proteína que funciona como una máscara, que los hacen invisibles para el sistema inmunitario. Un tipo de inmunoterapia que se conoce como inhibidor de puntos de control inhibitor, les quita la máscara a las células cancerosas para que el sistema inmunitario pueda reconocerlas y atacarlas.

Pensé que eso era asombroso e inmediatamente quise que me trataran con el inhibidor de puntos de control nivolumab. En la semana entre la consulta inicial y la infusión me pasé conectada a internet investigando sobre el medicamento. La primera página en la que hice clic fue la del sitio web del CRI, donde vi unos vídeos de historias de pacientes de inmunoterapia de Maureen O’Grady y Pam Griffith, y enseguida me tranquilicé. El sitio web del CRI tiene mucha información.

Después vi vídeos científicos que explican cómo funcionan los inhibidores de puntos de control, como el nivolumab. Me enteré de la investigación del cáncer que lleva a cabo el Dr. James Allison y otros científicos que trabajan para salvar vidas.

¿Cómo fue el tratamiento? ¿Tuvo efectos secundarios?

El tratamiento con inmunoterapia fue mucho más fácil de lo que esperaba. En cada consulta de control, primero una enfermera me extraía sangre. Luego esperaba a que me llamaran para la consulta con el Dr. Zhang, quien me ponía al día sobre mis análisis de sangre y me hacía preguntas generales sobre cómo me había sentido en las últimas dos semanas. Después de cada cita, iba al centro de infusión para recibir el tratamiento.

Todo este proceso llevaba alrededor de tres horas desde que llegaba hasta que terminaba.

La espera más larga era que el farmacéutico mezclara el nivolumab. Para preparar la dosis, el equipo médico se basaba en mi peso en ese momento.

El único efecto secundario que tuve fueron síntomas similares a los de la gripe, y eso solo ocurrió una vez tras la primera infusión. El equipo de atención médica me dijo que eso era bueno porque significaba que mi sistema inmunitario estaba respondiendo al tratamiento. Empecé a sentirme mejor inmediatamente después del tratamiento.

¿En qué se diferencia la inmunoterapia de otros tratamientos que pueda haber recibido?

Al principio recibí quimioterapia y radioterapia, que fue brutal. Cada cita duraba un día completo. Tomaba anticoagulantes y tenía un bajo recuento de plaquetas (27), así que me sentía cansada todo el tiempo.

Cuando llevaba alrededor de 20 sesiones de radioterapia de las 30, me empezaron a aparecer ampollas en el pecho y la espalda, y me ardía. Me costaba mucho tragar en ese entonces porque la radioterapia estaba matando las células del esófago. También tomaba corticoides y tenía la típica cara de luna llena debido a la prednisona. Se me caía el pelo de a mechones.

El Dr. Zhang me suspendió todos los medicamentos antes de empezar con la inmunoterapia. La inmunoterapia estimuló mi sistema inmunitario para combatir el cáncer de una manera que no lo hicieron la quimioterapia y la radioterapia. Enseguida empecé a sentirme mejor. Tenía un mejor color, mejoraron mis recuentos y mi peso, y me volvió a crecer el pelo. Ya no tenía malestares.

El tratamiento no afectó mi calidad de vida; de hecho, me siento tan saludable como antes del diagnóstico.

¿Hay algo que le haya sorprendido de su experiencia con el cáncer?

Prefiero la privacidad. Cuando me diagnosticaron cáncer les conté a pocas personas sobre mi enfermedad. No quería escuchar nada negativo. En 2015, un diagnóstico de cáncer de pulmón en estadio avanzado por lo general se consideraba terminal. Sabía que mi caso era inoperable y las estadísticas no eran buenas, pero también sabía que sobreviviría. No quería escuchar ninguna experiencia con respecto al cáncer de pulmón que no fuera esperanzadora.

Cuando comencé con la inmunoterapia, mis reservas sobre hablar de mi enfermedad se esfumaron. Creo que la inmunoterapia es un tratamiento beneficioso y es necesario que se conozca más.

Hay un estigma que lleva asociado el cáncer, en particular el de pulmón. Mucha gente cree que es una sentencia automática de muerte. A partir de los buenos resultados que obtuve con el tratamiento, he alzado mi voz sobre la defensa del paciente y la investigación.

El Cancer Research Institute proporciona a los defensores una gran plataforma para promover la inmunoterapia. Al compartir mi historia con otras personas, he adquirido una confianza que antes no tenía.

¿Qué le gustaría contarle a otros pacientes acerca de la inmunoterapia o de la participación en ensayos clínicos?

El hecho de que la inmunoterapia sea un tratamiento relativamente nuevo no significa que sea experimental o inseguro. De hecho, me controlaron mucho más con la inmunoterapia que con la quimioterapia y la radioterapia. Sabía que mi oncólogo, al indicarme este tratamiento, estaba velando para que yo obtuviera el mejor beneficio.

Los estudios de investigación que actualmente se están llevando a cabo sobre la inmunoterapia son revolucionarios. Los tiempos de tratamiento y respuesta se están acortando y los pacientes viven más tiempo. Todo esto es posible gracias a la participación  de pacientes con cáncer en los ensayos clínicos. El sistema inmunitario tiene la capacidad de reconocer y destruir las células cancerosas, solo hay que entrenarlo adecuadamente.

Estoy agradecida como paciente de haber respondido a la inmunoterapia. Mi esperanza es que algún día la inmunoterapia sea el único tratamiento necesario para el cáncer. Por suerte, la inmunoterapia hizo que el cáncer de pulmón sea un mero capítulo en la historia de mi vida.

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