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Kristin Kleinhofer

Leucemia

La historia de Kristin

Hoy estoy sin cáncer y mi pasión es llevar esperanzas y apoyar a otras personas. Con mi familia creemos verdaderamente que la inmunoterapia me ayudó a erradicar el cáncer y es la razón por la que aún estoy en remisión y sigo aquí.

Me diagnosticaron leucemia linfoblástica aguda (LLA) de linfocitos B precursores en agosto de 2010, a los 36 años, como resultado de la biopsia realizada tras haberme extirpado un quiste de la parte superior derecha de la cabeza. Fue una gran conmoción para mi familia y para mí, ya que no tenía otros síntomas físicos. Durante unos días me sentí abrumada, pero luego me puse en acción para descongestionar mi vida, pedir licencia en el trabajo, informarme y luchar contra el cáncer. Ese fue el comienzo de dos años de quimioterapia intensa en el hospital que finalmente no logró mantenerme en remisión.

En febrero de 2014 el cáncer había regresado y decidí que iba a optar por la esperanza. Con el apoyo de mi mamá y mi pareja, Benny, empecé a buscar opciones de ensayos clínicos. Por recomendación de mi médico me inscribí en un ensayo clínico de fase 1 de Terapia de linfocitos T-CAR (receptor quimérico para el antígeno), técnica mediante la cual extrajeron mis células inmunitarias, las modificaron genéticamente y luego las reinfundieron en mi torrente sanguíneo para que el propio sistema inmunitario pudiera combatir el cáncer. Fui una de las primeras pacientes en recibir este tratamiento de manera ambulatoria y estuve entre el 93 % de los pacientes del ensayo que lograron la remisión.

Agradezco profundamente al increíble equipo médico de Kaiser Permanente, del Centro Médico Stanford y del Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson, que trabajaron en conjunto para ayudarme a combatir el cáncer. Creo firmemente que la inmunoterapia está cambiando el panorama del tratamiento del cáncer y tengo grandes esperanzas de que pueda aplicarse en el futuro a más tipos de cáncer y que se sepa cada vez más. Es un avance médico asombroso y creo que es el futuro de la lucha contra el cáncer.

Kristin Kleinhofer, Immunotherapy Patient: It was just the hope that the clinical trial brought for us. Maybe this could work, maybe this could give me more time, and maybe this could cure me.

Preguntas y respuestas

¿Cómo y cuándo descubrió que tenía cáncer?

En agosto de 2010, a los 36 años, estaba en el trabajo cuando recibí la llamada de un médico que me informó que el tumor que me habían extirpado mediante cirugía hacía una semana de la parte superior de la cabeza era leucemia linfoblástica aguda (LLA). El médico dijo que verificaron tres veces el resultado de la biopsia, porque les sorprendió la representación tan inusual y que yo no tuviera otros síntomas físicos. Me comunicó que tenía que salir del trabajo lo antes posible para hacer los análisis de sangre, y que tenía programada una consulta con un oncólogo a la mañana siguiente. En la consulta se me vino el mundo abajo cuando me hablaron del protocolo de tratamiento de dos años, que debía bajar el ritmo de vida, pedir de inmediato una licencia prolongada en el trabajo y dejar el cuidado de las mascotas, porque iba a tener largas internaciones en el hospital y una alta probabilidad de quedar infértil tras los tratamientos. Busqué una segunda opinión, empecé a informarme y elegí luchar contra el cáncer.

¿Cómo supo de la inmunoterapia y por qué decidió probarla?

Como el tratamiento de quimioterapia de rescate después de mi recaída no fue eficaz, el oncólogo me contó de un ensayo clínico que estaban llevando a cabo en un centro oncológico cercano, que probaba una combinación de quimioterapia para adultos con LLA con recidiva o resistente. Me inscribí en el ensayo clínico de 4 semanas para pacientes hospitalizados. Fue durante este tiempo que mi oncólogo mencionó la inmunoterapia de linfocitos T-CAR como una opción de tratamiento. Nunca habíamos escuchado esa palabra antes, no sabíamos de qué se trataba. En 2014 no había mucha información publicada y mi mamá se fue a casa para investigar en Internet. Encontró información sobre la investigación del Dr. Carl June, de la Universidad de Pensilvania, y quedó muy entusiasmada. Me contó sobre eso y tenía mucho sentido usar el propio sistema inmunitario para combatir el cáncer, dado que la quimioterapia ya no era eficaz y dejaba efectos secundarios a largo plazo. Mis médicos me apoyaron en la búsqueda de este tratamiento y se comunicaron con las instituciones que llevaban adelante ensayos clínicos. Me aceptaron en el centro de investigación del cáncer Fred Hutch.

¿Cómo fue el tratamiento? ¿Tuvo efectos secundarios?

Con mi madre nos habíamos reunido con el investigador principal del ensayo clínico, por lo que ya conocíamos bien los riesgos y beneficios; decidí inscribirme. Doné mis leucocitos por citaféresis durante 4 horas. Llevaron las células al laboratorio, las modificaron genéticamente con receptores para que reconozcan el marcador CD19 y las cultivaron por millones antes de recibirlas. El 19 de noviembre de 2014, recibí por infusión durante una hora mis linfocitos T-CAR modificados en el laboratorio, en un ámbito ambulatorio y con mi madre y mi pareja a mi lado. Llevábamos puestas nuestras camisetas de Choose Hope: el entusiasmo desbordaba la habitación. Esa noche me ingresaron por fiebre alta como reacción adversa. Al cuarto día de la infusión tuve el muy esperado síndrome de liberación de citocinas, que es una respuesta inflamatoria. Estuve 5 días en el hospital con fiebre alta, escalofríos, dolores musculares, sudores nocturnos, presión arterial baja y obnubilación. Luego me dieron de alta y me controlaron de manera ambulatoria durante un mes.

¿En qué se diferencia la inmunoterapia de otros tratamientos que pueda haber recibido?

Una semana después de mi internación por el síndrome de liberación de citocinas pude visitar algunos sitios de Seattle, como la Space Needle y la Gran Rueda. Esto hubiese sido inaudito con los tratamientos habituales de quimioterapia que había recibido. Un mes después de la infusión de linfocitos T-CAR, me hicieron una biopsia de médula ósea y no encontraron indicios del cáncer. Con mi familia estábamos eufóricos. Es de verdad milagroso que, después de haber luchado tanto tiempo con los tratamientos habituales, en un período tan corto las células cancerosas resistentes hayan podido disiparse. A un mes de la infusión de linfocitos T-CAR pude retomar mi vida y volví a tener la energía de antes, y esa no había sido mi experiencia con los protocolos habituales de quimioterapia. Perfectamente volvería a hacer un tratamiento de inmunoterapia si fuera necesario en el futuro. Los efectos secundarios iniciales fueron mínimos en comparación con todos los que he soportado. No tiene efectos secundarios a largo plazo, lo que es otra diferencia con respecto a los tratamientos tradicionales.

¿Hay algo que le haya sorprendido de su experiencia con el cáncer?

Es increíble lo rápido que se pueden eliminar las células cancerosas usando el propio sistema inmunitario, sin efectos secundarios o con muy pocos en comparación con los tratamientos habituales de quimioterapia. Es asombroso lo rápido que uno se recupera físicamente después de someterse a un tratamiento con linfocitos T-CAR. Una semana después de la infusión hice un poco de turismo local. Esto hubiese sido inusual después de la quimioterapia tradicional, que provoca muchos efectos secundarios o daños a menudo de larga duración. Uno o dos meses después de recibir el tratamiento con linfocitos T-CAR, sentí que podía reanudar mi rutina habitual de la casa y el trabajo. La recuperación es muy rápida y, dada mi experiencia personal, si pudiera volvería a optar por este tratamiento frente a la quimioterapia habitual. Existe una gran diferencia entre los tratamientos tradicionales de quimioterapia y la inmunoterapia. La inmunoterapia nos da esperanzas a muchos pacientes que agotamos todas las opciones. A muchos les está regalando tiempo.

¿Qué le gustaría contarle a otros pacientes acerca de la inmunoterapia o de la participación en ensayos clínicos?

Es importante que los pacientes se informen sobre las opciones de inmunoterapia y los ensayos clínicos en los que pueden participar. Es importante sopesar los riesgos y los beneficios del tratamiento, asegurándose de que se evalúen y cumplan los requisitos necesarios para participar. Buscar una segunda opinión en un centro oncológico o una institución médica académica puede ser muy esclarecedor y ofrecer opciones. Establecer una relación estrecha con el equipo médico es fundamental para garantizar que se tomen en cuenta los deseos del paciente en las decisiones de tratamiento. Es necesario aprovechar los recursos y organizaciones contra el cáncer, como los asesores de ensayos clínicos, que pueden ser un apoyo para el objetivo que se hayan planteado. En mi caso, los ensayos clínicos me ofrecieron ESPERANZA y la posibilidad de que este nuevo tratamiento de inmunoterapia con linfocitos T-CAR me diera más tiempo de vida. Me brindaron la oportunidad de seguir luchando contra el cáncer y también de apoyar a la investigación que ayudará a futuros pacientes. ¡En los ensayos clínicos se producen adelantos médicos!

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